
Así eres tú, así es él también, el que vive en la isla. Así es el patrón de hombre que he venido aceptando desde tiempo inmemorial. Y al descubrir esto, ni siquiera puedo sentirme sorprendida.
Hoy me dijiste que la vida se te pasa. Yo digo que te alcanza, te supera, te atropella, te camina por encima, y tú estás a la espera de los últimos 5 minutos.
Y, cómo saber cuándo llegarán exactamente? Ni siquiera el Popocatépetl con su milenaria sabiduría lo sabe. Pero aún así no deja de vivir. No deja de echar sistemáticamente sus bocanadas, sus impresionantes fumarolas. No deja de respirar. No deja para luego lo que puede hacer en su oportunidad. No exhala el baho del centro de la tierra sin motivo pero tampoco lo retiene sin motivo. No detiene su corazón solamente porque las nubes se han posado encima de su magnífica boca. No se queda esperando el final porque ni él sabe cuándo va a ser. Y no deja de mirar a su Iztazíhuatl, a su compañera de batalla, de eras, de primaveras, veranos, otoños e inviernos.
Cada 5 minutos pueden ser los últimos para despertar a la vida.
Querido Renato, la vida camina segundo a segundo, no se detiene.
Cada minuto es el más importante.
No existen minutos especiales.
Nadie va a esperar a que tengas el tiempo de ponerte en orden desde tu mente. Es una fantasía creer que en la mente está todo bajo control.
Y es posible que tus 5 minutos, ya hayan pasado.
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