sábado, 26 de septiembre de 2009


Cuando desperté me di cuenta de que tenía los ojos abiertos, quizá por primera vez. Vi con tal amplitud, que ya nada pudo estar separado de mi existencia. Encontré que no hay fronteras y entonces soñé despierta. Y miré un mundo maravilloso en donde la creación es una sola. En donde el hierro forjado de mis ventanas no es distinto a sus cristales, ni a la madera de mi armario, ni a mi mesita de noche, ni a mi cabecera-mi almohada-mi cabeza; ni a mi cuerpo entero en donde de pronto pulsan todos los elementos del universo en unísono concierto. Veo, ahora veo. Y respiro. Y encuentro la semejanza con mi semejante y es entonces cuando amo. Veo, ahora veo. Y lloro. Lloro al sentir la tierra y su creación tan en mí como en todo. Bendita Diosa, Madre Creadora, me despertaste del sueño. Ahora veo, ahora vivo.

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