Deseosa estoy de beber de todas tus fuentes.
Quiero plasmar aquí un deseo nunca antes sentido como deseo, como anhelo, como desesperante necesidad de realización.
Quiero repetir, de la forma más elevada posible, lo que hasta hace casi nada de tiempo era una burda realidad, un recuerdo doloroso de abuso. Y ahora, como siempre ángel mío, con ese poder de convertirlo todo en algo hermoso, de pronto haces luminoso algo que ya ni siquiera puedo comparar. Algo que mis entrañas saben, pero mi boca no. Algo que deseo con ojos cerrados, con ojos abiertos, con dulzura y con pasión.
Deseo tanto recibirte, en aliento, esencia y elixir. Deseo tu blanquecina fuente para desatar un orgasmo en mi garganta, al tiempo que todo mi ser se tiñe del latigazo de este acontecimiento. Vivir esta realidad al calor de tus muslos, de tus manos acariciándome el cabello, revoloteándolo a tu arbitrio, sin control, al ritmo de lo que deseas y deseo.
Un día me dijiste: escríbeme algo directo. Más directo no puedo. Porque este anhelo, por esta vez en mi vida, raya en lo sublime. En algo inexplicable que me hace entender tu masculinidad desde un sitio diferente, tan diferente que no tengo nada contra qué compararlo porque simplemente no me había sucedido antes. Te lo dije la última vez que te acompañé por la carretera. Me preguntaste: Y eres real? Y te respondo ahora: tan real. Porque ahora conozco a alguien que puede merecerlo todo. Ahora sí. Tan real como eso.
Te beso en un beso sin distancia. Aún cuando a veces piense que pronto volverás a ser el de antes... antes de que pierdas la memoria y se hagan un batidillo los recuerdos... quédate con esto para siempre. Te beso con un sello dorado que te recuerde que amo tu ser completo, y eso lo incluye todo: espíritu, corazón, mente y cuerpo.
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